Considero, que aun sí. Como sabemos el panorama educativo es desolador, es tal el desprestigio de la profesión que a muchas personas les resulta ingenuo pensar en ser educador. Sin embargo, educar va más allá de hacer planeamientos, de enseñar y aprender., de ir a dar clases diariamente, va más allá de un salario (que es algo justo). Cada etapa de la educación necesita de la pedagogía del placer y la ternura, que es darle un sentido humanístico a acto de educar, por lo cual todo lo que hagamos como profesores debe ser desde la pedagogía del placer y la ternura.
Amor, placer, ternura y educación tiene que ver con ser seres humanos creativos, innovadores, transformadores, es llegar a ser el tipo de ser humano que anhelamos ser, como nos gustaría que nos recuerden nuestros alumnos como profesores. Por lo cual, es importante hacer un esfuerzo para devolver de verdad a la educación su encanto, porque en ello está en juego la auto-valoración del profesorado.
Si hay un reencantamiento de la educación, podríamos tener una sociedad aprendiente interesada por tener nuevas experiencias de aprendizaje. Debemos conocer e implementar nuevas herramientas tecnológicas las cuales nos permiten desarrollar diversos ambientes de aprendizaje y conocimiento en un contexto de innovación. Hugo Assmann en su libro El Placer y la ternura en la Educación nos dice que “Los procesos cognitivos y vitales descubren su lugar de encuentro, marcado desde siempre en lo que es el centro de la vida, como proceso de auto organización… la vida se quiere seguir siendo vida, la vida que se gusta y se ama, y anhela ampliarse en más vida”.
La vida se gusta y se ama y se desea cuando es placentera, y si la sociedad es aprendiente, queremos una educación placentera que deje atrás la educación tradicional, tan rígida y memorística, para lo cual los cambios en la educación deben estar ligados al placer. Una educación placentera significa que cuando estamos aprendiendo nos sentimos felices, que cuando enseñamos lo hacemos con alegría, donde las actividades de la clase nos motivan al conocimiento y al aprendizaje, nos gusta, nos hace felices y nos divierte. Esta satisfacción nos lleva al placer por hacer las cosas excelentes, por actuar, por crear, innovar, y experimentar.
Es por ello que educar va más allá de planeamientos, educar es amar, donde hago que mis estudiantes sientan placer de estar en la clase, donde el conocimiento, la práctica, la resiliencia, nos prepara para ser seres humanos nuevos, pensantes, críticos, donde la creatividad y la ternura sean necesidades vitales de los sueños de la felicidad individual y social.
Lo que la teoría del placer y la ternura nos dice es que el ambiente pedagógico tiene que ser un lugar de fascinación e inventiva. Necesitamos introducir el placer en la educación, ya que si está ausente, el aprendizaje se convierte en un proceso instructivo (informar e instruir saberes ya instrucción formativa, la reinvención y construcción personalizada del acumulados). Pero la experiencia del aprendizaje implica además de la que hace énfasis en enseñanza y producción de experiencias de aprendizaje, conocimiento y en eso el placer representa una dimensión clave. La educación resulta fascinante y se saborea.
